Llevo una semana sin subir a la bici. No por falta de ganas — sino porque a los 50 metros andando ya empiezo a cojear como un cowboy de película mala. El tobillo izquierdo ha vuelto a activarse.
No es una lesión nueva. Un esguince de hace años dejó restos de hematoma en la zona ósea que en determinados movimientos provoca un roce, un pinchazo, una cojera que aparece y desaparece sin avisar. Lo más gracioso — si se le puede llamar así — es que encima de la bici no noto absolutamente nada. Es al desmontar cuando el tobillo recuerda que existe.
El protocolo RICE: sencillo de explicar, difícil de respetar
Reposo, hielo, compresión y elevación. Sobre el papel impecable. En la práctica, el reposo es lo que más cuesta cuando tienes la bici mirándote desde el pasillo.
Reposo — eliminar el impacto innecesario, no sofá total. Hielo — primeras 48-72h, reduce la inflamación antes de que se dispare. Compresión con tobillera, que estabiliza, no inmoviliza. Elevación siempre que puedas, pie por encima del corazón.
Al protocolo base le sumo Voltadol Forte gel y plantillas ortopédicas en todo momento. Resultado: al séptimo día, 6 km sin dolor ni cojera.
La lesión que no se cura, se gestiona
Un tobillo con memoria no es un esguince agudo que resuelves y olvidas. El enfoque cambia: no buscas curar, buscas gestionar y prevenir la recaída. Aprendes a leer las señales, identificas qué movimientos lo provocan y actúas antes de que se dispare. En mi caso el culpable es el desmonte — ahí el tobillo cobra la factura.
Lo que aprendes con el tiempo
Las plantillas no son opcionales, el frío en las primeras 48h marca la diferencia, y forzar en fase aguda solo alarga el proceso. Lección aprendida a base de repetición — ojalá hubiera sido en clase y no en el trail.
Mientras escribo esto el tobillo ya responde bien. En unos días, vuelta a la bici. Con cuidado al desmontar.
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